Camelia, como todos sus familiares que compartían la misma condición física, nació y creció en un circo ambulante rumano que pertenecía a su padre. Cuando él muere, el circo desaparece. Él deja a Camelia los números de ilusionismo, los vestidos y principalmente la forma de entender su figura no como una limitación sino como una posibilidad de creación que le permitirá recorrer el mundo con diferentes personajes. Decidida a conocer nuevas tierras, contacta con un grupo de personas de nacionalidad rumana que se dedica a transportar gente con discapacidades físicas para que mendiguen para ellos. Con la esperanza de poder ser la muñeca de la Rambla que le envuelve el equipaje de sueño, decide irse con Andrea a Barcelona. Cuando llegan encuentran una vida hecha de mitades. Al final solo un niño consigue entender que hay un truco más grande que una sencilla carta de magia.