Después de un largo exilio en Venezuela, el cineasta Mario Handler vuelve a su país. Percibe que a pesar del transcurrir de los años, la dictadura sigue presente, sobre todo en la memoria de la gente. Como no había hecho una película sobre la dictadura en Uruguay (1973-1986) durante su estadía en Venezuela, siente que les debe algo a los compañeros de lucha que no podían salir del pais. Este sentimiento de deuda se traduce en un testimonio fílmico que, a través de la poesía, el humor negro y la conciencia aguda vertidos por sus protagonistas, evoca una atmósfera precisa y densa de esta época oscura del Uruguay. También hay testimonios de personas que vivieron ese período siendo niños o adolescentes, así como reflexiones del mismo director del documental sobre sus vivencias en la predictadura y en el exilio, todo ello alternado con piezas de documentales suyos rodados en Uruguay.