Emigrar implica hacer un duelo del territorio que nos vio nacer y que, una vez lejos, se convierte en nuestra memoria y en un lugar sagrado al cual nos apegamos. En los años 50, los padres de Sonia Pastecchia dejaron su pueblo natal de Esanatoglia, en Italia, para ir a trabajar en Bélgica. Desde hace unos treinta años, nuevos migrantes venidos de distintas partes de Europa y del mundo vienen a trabajar en esta región de Italia, que desde entonces prosperó. La realizadora lo plantea: mi madre en el filme dice una cosa: “quiero ser enterrada aquí (Bélgica)” en el cementerio de San Nicolás, aquí vivo entonces aquí debo ser enterrada”. Ahora las personas que llegan al pueblo de mis padres, ¿dónde piensan ser enterrados? Ese aquí se confunde con un allá y el mundo se convierte en un vasto campo sagrado donde la noción de territorio desaparece de a poco, y donde la vida se impone.