EDOC 7 > EL OTRO CINE

Yo, tú, él, nosotros, vosotros, Ellas..

Por María Fernanda Troya

A pesar de que esto pueda sonar muy trillado, la sensación que me quedó después de mirar la película de Alvaro Muriel, Ellas, fue la de que las protagonistas de este documental son mujeres comunes y corrientes; la sensación de que cualquier persona, cualquier mujer, podría estar en su situación. Ellas es en suma un conjunto de retratos de mujeres detenidas en el Centro de Rehabilitación Social de El Inca, en Quito. Y Ellas están allí por haber sido encontradas culpables de delitos en su mayoría relacionados con el narcotráfico. Desde quienes sirvieron de mulas para llevar droga de un país a otro y fueron descubiertas, hasta quienes portaban unos cuantos gramos para su propio consumo y fueron condenadas con el mismo rigor: ‘la ley de los 8’ (ocho años para todas, sea cual sea la cantidad de droga encontrada).
La película nos muestra el mundo de adentro, la vida en la cárcel, los dramas diarios y cotidianos que estas mujeres deben sobrellevar, desde el abandono, la nostalgia de sus lugares de origen y sus familias, hasta el dolor máximo de la muerte y la enfermedad. Muriel construye este relato con una mezcla sutil de testimonios, conversaciones y silencios. El espacio nos acoge, como visitantes, en una cotidianidad e intimidad logradas gracias a la distancia respetuosa de la cámara que recorre patios y piezas llenas de ropa colgada y artefactos.
Mientras acompañamos a estas mujeres valientes en la organización de un certámen de belleza por las fiestas de Quito, y conforme nos acercamos al final, Muriel nos va llevando hacia aquellas historias más difíciles de contar y de escuchar, pero siempre con un respeto absoluto por sus personajes, mostrados siempre desde su propia dignidad. Son mujeres de diversos estratos sociales, de diversos países, la mayoría jóvenes, la mayoría madres, la mayoría solas. Los niños son también personajes importantes del film, aunque Muriel decide nunca interpelarlos directamente, están allí, como símbolo de que más que un centro de rehabilitación, este espacio se asemeja en algo a una casa comunitaria. No vemos las luchas ni tensiones, ni las riñas ni los golpes, ni la represión ni las palizas, pero las intuímos, gracias a los testimonios. Son ellos los verdaderos protagonistas, los testimonios funcionan aquí como la forma primordial escogida por el realizador para narrar las historias de estos personajes tan de carne y hueso. Ellas deciden qué contar y cómo. Allí reside uno de los mayores valores de este documental: el respeto por el otro y su propio relato, contado en primera persona.

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