Es necesario ser radical cuando se habita en la periferia1, nos recuerda Christian León. La periferia a la que alude León es la condición colonial que nos condena a vivir en minoría de edad. En el lenguaje de la ley, los menores de edad son personas incapaces. Nada pueden hacer sin un tutor. Es lo que nos ocurre como sociedad. En el campo de la comunicación ejercen esa tutela dos valores coloniales: el prestigio y la fanfarronería. Los medios se hacen cargo del primero y la publicidad del segundo. De los dos, el peor es la publicidad, cuyo fetiche emblemático, el spot audiovisual, es el eje del sistema de tutelaje. El spot puede pretender erigirse en simulacro o sustituto del pensamiento crítico o incluso del movimiento social.
Si la radicalidad no cabe en los medios, menos aún puede caber en el estrecho confín de este fetiche, aunque su tema sea la revolución ciudadana. El movimiento social y el pensamiento crítico no pueden ser suplantados por la verdad revelada del spot.
Pero la periferia también puede ser un territorio al margen y en el margen. Un territorio que ofrezca a la condición colonial una salida de emergencia. Es en ese territorio periférico en el que es posible el radicalismo, es decir, la emergencia de la crítica, de la organización y de la conciencia política. A condición de que a nadie se le ocurra poner un candado en aquella salida de emergencia.
1 El más radical de los cineastas, en Ochoymedio #81, mayo 2008.