Por Alfredo Mora Manzano
Como es costumbre, el festival recoge una serie de cortos de directores ecuatorianos (11 en esta edición). Más que una muestra de la cantidad de cineastas emer-gentes que se interesan en el documental, también se han convertido en una sólida prueba de la revalorización del formato del cortometraje como vía expedita para contar historias y hacer llegar mensajes. Este año debemos destacar que Sobremesa de Yanara Guayasamín se convirtió en el primer cortometraje ecuatoriano en formar parte del prestigioso festival IDFA, de Ámsterdam, recordemos que el año anterior su largometraje Cuba, el valor de una utopía ya había tomado parte en la selección de este mismo festival. Sobremesa es un trabajo de seis minutos de duración en el que podemos apreciar parte de una antigua costumbre casi desaparecida de la península de Santa Elena durante el día de difuntos.
Permiso, que llegó es el segundo trabajo de Cristina Mancero en presentarse en EDOC, es una pieza introspectiva en que se conjuga un relato netamente familiar con la música que apasiona a su directora, la Salsa. En Recordando el ayer la directora y fotógrafa Alexandra Cuesta realiza un retrato cotidiano de los ecuatorianos residentes en la gran manzana. Estas obras denotan una sensibilidad de directoras que han encontrado desde ya un lenguaje propio.
Nos sentimos también orgullosos de presentar una parte de los documentales ecuatorianos que formaron parte del ‘Taller Internacional de Producción Documental Jesús Enrique Güedes’, realizado en Quito a finales del año 2007. En este taller 12 trabajos fueron desarrollados y realizados mediante un aporte del gobierno venezolano, que colaboró no solo con equipos sino también con instructores que llegaron al país para este efecto. Cinememoria colaboró con la organización del taller en Ecuador. Los documentales que formaron parte del taller y que este año enriquecen la programación de EDOC son: El tiempo no cura todo, de Germánico Mantilla; Golpe a golpe, de Galo Betancourt; Minadores, de Fadia Paola Rodas Ziadé, y Una bendición de Dios, de Zulma Chato.