EDOC 7 > EL OTRO CINE

África y Latinoamérica: dos cinematografías cómplices

Por Jorge Flores

Las cinco películas que componen el ciclo muestran Angola y Mozambique, creando un paralelo entre el África donde se habla portugués y América Latina. Estos países, que tienen una relación cercana con Brasil, son casi desconocidos en nuestro medio. Con esta sección queremos trazar un breve panorama de estos países, de su historia y de sus cinematografías. Ecuador comparte con estos países un pasado colonial. Angola y Mozambique se independizaron de Portugal tras la implantación de la democracia en Portugal con la Revolución de los Claveles en Abril de 1975, 153 años después de la independencia del Ecuador.  A pesar de que existe una gran diferencia cronológica en los procesos de independencia, existen similitudes entre la situación actual de estos países y el nuestro.  Las similitudes pueden ser planteadas de forma sincrónica: por ejemplo, en Mozambique tras la independencia nace Kuxa Kanema, el instituto de cine de este país (INC); en nuestro país, este proceso está en marcha desde el año pasado y se enmarca también en un proceso de reformas que implican el deseo de cambios más profundos. Kuxa Kanema es precisamente el título del filme de Margarida Cardoso, que reconstruye el proceso de independencia del país por medio de la historia de su cine en nacimiento. Carnaval de la Victoria es una película exuberante en todos los sentidos: visual e históricamente, es la película más relevante de la cinematografía de Angola. La película documenta el primer carnaval después de la independencia. La muestra está dividida en dos partes, la primera compuesta por los dos filmes arriba mencionados y la segunda por las tres películas restantes que abordan problemáticas actuales. La guerra del Agua y Huéspedes de la noche de Licínio Azevedo son películas que entran en las problemáticas del mozambiqueño que tiene que luchar contra la miseria en su día a día.  El primero se desarrolla en Chicomo, una pequeña aldea en el norte de Mozambique, para seguir de muy cerca las consecuencias de una sequía cruda y desesperante. En la segunda, la pobreza vuelve a aparecer como temática central aunque el escenario es distinto. Los huéspedes de la noche viven en las ruinas un hotel que fue el más lujoso del sur de África, construido en Cidade da Beira, la segunda ciudad más populosa de Mozambique. En los años de colonización, Beira fue un destino turístico importante de la élite blanca surafricana, pero la megalomanía del proyecto obligó a sus propietarios a cerrar sus puertas y a abandonarlo en la década del 70, antes de la independencia de Mozambique. Por último, Ojalá crezcan Pitangas de Kiluanje Liberdade y Ondjaki es una visión contemporánea de Luanda, la capital de Angola. ¿Cómo se vive en Luanda en la actualidad?  La respuesta está compuesta a través de 10 personajes provenientes de diferentes realidades y lugares. El abordaje y el estilo del documental nos muestran una nueva forma de abor-dar las problemáticas de África.  Es-ta película es un buen ejemplo de un nuevo realizador africano que no tie-ne reparos al momento de construir un discurso con recurso narrativos provenientes de influencias eclécticas. Consecuencia de una África cada vez más cercana de Europa, debido a la diáspora, y que apropia a su manera y sin complejos recursos estéticos provenientes del audiovisual europeo, americano y asiático.Todas las películas que se presentan en esta sección son de cierta forma originales, porque no responden a procesos continuos, ni planificados de producción. Al igual que en nuestra cinematografía, estas películas son hechas solamente por la voluntad de sus realizadores. Las similitudes están esparcidas por todas las imágenes y sonidos, por veces son asustadoras y por otras gratificantes. Esta extraña cercanía puede encontrar una respuesta en el pensamiento de Glauber Rocha y en su manifiesto, La Estética del Hambre, presentado en Génova en 1965. Las controversiales palabras de Rocha también pueden ser aplicadas al africano.  “El hambre del latinoamericano no es solamente un síntoma alarmante de la pobreza social, sino la ausencia de su sociedad. De ese modo podemos definir nuestra cultura de hambre. Ahí reside la originalidad práctica de nuestro cine con relación al cine mundial; nuestra originalidad es nuestra hambre, que es también nuestra mayor miseria, presentida pero no comprendida.”

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