El Otro Cine
Puertas abiertas / Linderos difusos Cortos ecuatorianos en los EDOC
Por Santiago Rosero*
El reconocer un eje único de sentidos que atraviese el más actual documental ecuatoriano quizás acusaría el estancamiento homogeneizante de ideas, o tal vez su evidencia demostraría que algún fantasma totalizador ronda fastidioso entre las preocupaciones de todos. Pero como por fortuna en este país la diversidad no solamente -ni tampoco siempre- se expresa en la gama étnica; las miradas, las inmersiones y las apuestas en la concreción del documental se siguen jugando por varios flancos, y, como suele ser, con distintas facturas.
Resistencia, denuncia y herencia
Tengo la satisfactoria sensación de que la estirpe de realizadores comprometidos con la aproximación a los descalabros de la inequidad social, la conservación del ambiente y las luchas que al respecto sostienen los movimientos sociales, al contrario de desvanecerse en la apatía de la postmodernidad pop se consolidarán en paralelo con la perpetuación de las disputas entre explotadores y explotados, o sea, ad infinitum. Mientras existan más En pie de lucha o Somos los mismos (Numtaketji) o En mi tribuna, se mantendrá el estado de resistencia, existirá empuje para la denuncia y persistirá la preocupación por la herencia social que nos corresponde asumir a todos.
Llegará el momento –no muy tardío- en que un sustancioso archivo de documentales de este corte –que sigue nutriéndose-, represente el registro no oficial de conflictos cuyas complejidades se silencian o se cercenan en los discursos institucionales y en las construcciones mediáticas. Quizás llegue el momento en que, para conocer y analizar procesos de esta envergadura, el interés guíe las búsquedas más por la filmoteca de Cinememoria o por los casilleros de los mismos realizadores que por el buscador web de El Comercio o por los anaqueles de Teleamazonas. La ampliación de opciones, en cualquier caso, será siempre beneficiosa.
El documental de esta traza, entonces, habrá de convertirse en moneda de intercambio de alguna suerte de economía del conocimiento que, para enriquecerse, necesariamente tendrá que distanciar sus curiosidades de las plataformas de los discursos monológicos. Y para quienes esto signifique la sobreexplotación de las problemáticas subalternas, que no se hagan mala sangre y se mantengan en sintonía de Mtv.
Los temas no se agotan, lo que se agota es el ímpetu, decía Pererovi.
Contemplación sugerente
El devenir, la deriva, la introspección y el anonimato (o los seres anónimos) se vuelven translúcidos a través de una observación contemplativa que mantiene distancia con los entornos y los individuos. Se vuelven translúcidos y no se agotan en la materialización porque las cámaras y los acercamiento esbozan los escenarios y a los sujetos en situaciones que apenas sugieren un estado de cosas –cualquiera, impreciso-, y no relatan o plantean historias bajo el paradigma de la linealidad principio-fin / conflicto-desenlace.
Piensa en mí y Tras la escena académica disponen atmósferas donde los individuos circulan con la inmediatez que duran sus rutinas o con la pasividad que marca sus presencias. El primero lo hace en espacios públicos de un Los Ángeles atiborrado de tantas vidas que entre ellas se aniquilan la existencia. El segundo se planta en un espacio privado para observar con gran distancia cómo un engranaje de la maquinaria académica funciona desapercibido mientras lo que de ella se despliega es la retórica de la teoría. Bellamente fotografiados, ambos enfocan avenidas, pasillos, ventanas y puertas transparentes como no lugares a través de los que se perciben idas y venidas irresueltas que provocan preguntarse: ¿es uno el que circula en el mundo o es éste el que le lleva a uno dando pasitos alrededor?
Con sensibilidad similar, aunque con énfasis en el discurso hecho materia, y viceversa, Mi Terruño y Máscaras de papel reflexionan con voz en off sobre ámbitos tan hondos como la educación y el arte en tanto proceso. Terruño quiere deconstruir nociones al tiempo que experimenta la descomposición de lo que envida fuera un libro pedagógico, mientras en Máscaras las máscaras se construyen a la vez que se indaga sobre el sentido de la construcción.
La cultura no es producto, es proceso de producción, dijo William Roseberry.
*Santiago Rosero. Crítico, escritor, músico y artista contemporáneo