El Otro Cine
La vida loca, una tragedia anunciada
Por François Coco Laso*
A finales de 2004, Christian Poveda, fotógrafo y documentalista franco-español, concibió la idea de realizar una película documental sobre el fenómeno de las Maras en el Salvador. El punto de partida fue una cobertura fotográfica por encargo, para la revista francesa Paris Match, que le permitió reunirse con los líderes de la Mara Salvatrucha y la Mara 18. Logró los permisos para realizar sesiones fotográficas y entrevistas personales a pandilleros en las cárceles y fuera de ellas.
Luego de esta experiencia, Poveda esbozó la posibilidad de realizar una película documental. En el 2006 deja definitivamente su residencia en Paris para instalarse en El Salvador. Plantea nuevamente la idea a los líderes de las dos Maras, pero esta vez solo la Mara 18 aceptó. Acordaron que la filmación sería en La Campanera, Soyapango, un populoso barrio ubicado a 20 minutos del centro de San Salvador.
Cuando decidí trabajar con la mara 18 elegimos conjuntamente el lugar. La Campanera es un barrio muy popular, donde la mara 18 es muy fuerte y muy activa. Daba la casualidad de que en ese lugar se estaba montando un taller de panadería y me interesó mucho la idea, esa tentativa de rehabilitación que se llevaba a cabo por antiguos pandilleros. (...) Lo que hice primero es reunir a toda la clica de la Campanera, eran más o menos 60, y les hice a cada uno un retrato fotográfico y una entrevista donde me contaron su vida. A partir de ahí empecé a localizar a los personajes y lo que me guió en escoger esa gente es que en un principio todos se metieron en el taller de panadería.
Uno de los motores narrativos del documental La vida loca es la panadería con la que los pandilleros tratan de demostrar que son capaces de sostener un proyecto productivo.
Sabía que era una filmación de un año como mínimo y que tenía que escoger a varios miembros de la mara para no tener el peligro que uno me abandone en medio de la filmación, renuncie porque ya no tiene ganas de seguir o porque lo mandan a la cárcel o simplemente que muera…durante la filmación murieron siete.
La vida loca, como dicen los pandilleros, esta filmada cámara al hombro, en planos cerrados. Durante 16 meses la cámara registró la cotidianidad de una célula base de una de una gigantesca mara: la clica 18 de la Campanera. Promedio de edad entre 16 y 18 años.
Esta clica vive como una suerte de confraternidad autoproclamada de excluidos: mitad niños de la calle, mitad niños soldados. La película es la crónica fiel de los sueños y los terrores de la periferia de San Salvador, en donde 20 años después de la guerra que devastó el país, una nueva guerra civil, demoledora, opone hoy pobres contra pobres.
Viven en comunidad, en autogestión, aseguran la limpieza de la casa y la comida compartida: los muros están tapizados con afiches de jugadores de futbol, con peluches, con imágenes de santos. En los techos, esconden cargadores 9mm. Mezcla constante de dulzura y de hiperviolencia mortal.
“Tarde o temprano, es el hospital, la cárcel o el hueco”, dice “el Nueve”, personaje de la película. Una vida sin esperanza. La Campanera es el lugar de tragedias anunciadas de antemano.
Lo que me interesaba era el aspecto humano y desde un inicio había decidido que no iba a filmar acciones de violencia, ni podía yo imaginar un segundo que iba a filmar la muerte de alguien o como iban a asesinar a alguien. (...) Me prohibí eso desde un principio deontológico, pero al mismo tiempo tenía que reflejar sus actividades; entonces, a través de los diferentes juicios que les hacen durante la filmación quedaron plasmadas sus actividades: un juicio por portación de armas, otro por homicidio, por droga, extorción, por robo… ahí está todo.
En El Salvador la violencia provoca la muerte de diecinueve víctimas por día. El porcentaje más alto de víctimas por muertes violentas está comprendido entre dieciséis y veinticuatro años.
Quise hacer un trabajo sobre la marginalización y mostrar que ese tipo de problemas es un tema que no se puede resolver de manera represiva. Quise mostrar las peores consecuencias en nuestra sociedad, cuando se marginaliza una parte de nuestra población.
En todas sus intervenciones públicas Christian Poveda explicitaba su postura personal sobre el fenómeno de las maras: las políticas represivas implementadas en El Salvador por la derecha son un fracaso, hay sectores de la sociedad que lucran de la violencia, los medios de comunicación locales tienen una cuota de responsabilidad importante, y la única solución a corto plazo es que el gobierno se siente a negociar con los pandilleros y cree condiciones para una tregua entre la Mara Salvatrucha y el Barrio 18.
Con su cámara Christian Poveda dejó sin argumentos a los que opinan que las pandillas son un problema estrictamente delincuencial y no social.
Unas semanas antes de que se estrenara, en septiembre de 2008, en el Festival Internacional de Cine de Donostia, en el País Vasco, le preguntaron a Poveda qué opinaba él de La vida loca, y ésta fue su respuesta:
—La película es, como decimos en Francia, à double tranchant, a doble corte. Realmente yo he compartido la vida de estos locos, y hay algunos que los ves vivir… y los ves vivir y los ves vivir. Y es puro documental, no es como un actor que muere y ya sabes que lo vas a ver vivo en otra película. Aquí mueren de verdad. Y eso es algo impresionante y que le da fuerza a la película, pero al mismo tiempo asusta mucho.
El 2 de septiembre de 2009, a Christian Poveda le dispararon a muy corta distancia dos veces en el rostro. No le robaron nada. Estaba solo cuando lo hallaron, tirado a tres metros de su vehículo, junto a la sinuosa carretera que une los municipios de Soyapango y Tonacatepeque, en el área metropolitana de San Salvador, donde filmó su documental… ¿quién mató a Christian Poveda?
*François ‘Coco’ Laso. Fotógrafo. Presidente del directorio de la Corporación Cinememoria.
Testimonios de Christian Poveda tomados de una entrevista realizada por televisión española y del artículo de revista Gatopardo ¿Quién mató a Christian Poveda?