El Otro Cine
¿La revolución será documentada?
Por Juan Martín Cueva*
En octubre de 2009 se hizo público un proceso y de alguna manera se produjo el plot point de una dinámica que venía gestándose desde hacía varios meses: el nacimiento de la Asociación de Documentalistas del Ecuador, ADEC. No lo puedo ver sino como una consecuencia lógica de un proceso que empezó hace más o menos una década y que tiene que ver con la producción cinematográfica y las necesidades de la actividad de los creadores; pero también con la reflexión política y la organización del sector.
Sin querer atribuir a la “generación” que vio la luz del cine documental con los EDOC el papel de Adán y Eva del género, sin desconocer la riquísima historia previa del cine documental en el Ecuador (desde Crespi hasta Blomberg, pasando por los hermanos Guayasamín, José Corral, Pocho Álvarez, Raúl Khalifé, Camilo Luzuriaga, Mónica Vásquez y un muy largo etcétera), pienso que con el nuevo milenio empezó un proceso que debía desembocar en una nueva forma de organización específica de los documentalistas y en una diferenciación de los problemas que aquejan al género, así como sus posibilidades y potencial en este momento político.
Es evidente que la realidad de 2010 no se parece en nada a la de 2000, aunque se ven prolongaciones de lo que en ese entonces estaba germinando. Asimismo, es seguro que la realidad del documental ecuatoriano en unos años poco tendrá que ver con lo que sucede hoy, aunque hoy se está jugando bastante de ese futuro: ley de cine o ley de culturas, consejo o instituto, industria audiovisual o arte cinematográfico…
No hay que olvidar que estamos en “revolución” (o eso dicen algunos) y que de un momento como éstos se podría esperar que se genere un cine que narra y cuestiona esa realidad, y que las películas y los cineastas tengan que definirse hacia un lado o hacia el otro… En 1932 Joris Ivens veía en el cine industrial “una especie de inflación de arte. El cine de vanguardia lucha contra esta inflación del arte (.../...) Aquí y allá, cineastas independientes externos a la industria cinematográfica siguieron sus propios caminos. Buscaron y encontraron una forma puramente cinematográfica de trazar un tema. Trabajaron el lado artístico, estético y social del cine (.../...) ¿Cuál es la tarea que los cineastas independientes nos asignamos? El cine debe responder a su propia esencia de la forma más perfecta posible. El cine es el arte de la imagen en movimiento. Por esto, el diseño final tiene dos tipos de tareas: las que conciernen a la imagen en tanto momento estático de una serie de imágenes en movimiento, y aquéllas que hacen al movimiento en sí la organización de miles de imágenes”. Es decir, el cine que mira al cine y el cine que mira hacia fuera… no se trata obviamente de descalificar a ninguno de las dos, sino de tratar de entender hacia dónde se mueve el documental en el Ecuador.
Quizás tres trabajos estrenados el año pasado (Mejor que antes, de Andrés Barriga, A cielo abierto, derechos minados, de Pocho Álvarez y Descartes, de Fernando Mieles) nos permiten visualizar los senderos que está tomando el documental en el Ecuador. Pocho prolonga una manera de trabajar el documental que lo convierte en una herramienta de reflexión política y de denuncia, y en un gatillo para movilizar la voluntad y la conciencia del espectador. Mauricio Velasco sigue, con Memoria de Quito, con ciertas variantes, esta misma línea de trabajo. Otro de los trabajos recientes de Pocho, Ale y Dumas, se inscribe en la tradición del registro de las expresiones de la cultura popular. Al otro extremo, Barriga levanta una construcción cinematográfica compleja y sofisticada que cuestiona al propio género y lidia con la realidad de manera más juguetona (aunque la realidad sigue, necia, frente a la cámara: estamos hablando de documental…). Descartes trabaja también con el presente, pero interroga mucho más la memoria social, las memorias del propio cine, y la desmemoria de una ciudad, Guayaquil (como ya lo había hecho Mieles en Aquí soy José).
No sería raro que el documental que ahora produce Miguel Alvear siga las huellas de Barriga y Mieles, llegando quizás más allá. Y sigamos especulando: seguramente Manolo Sarmiento proyectará sobre La Muerte de Jaime Roldós una luz incisiva que cuestione la historia oficial; y Carla Valencia no nos hablará solamente de sus Abuelos, sino que a través de esos dos personajes singulares nos contará una época y un legado político. Lo único que sigue faltando es una reflexión desde el documental sobre el proceso político en el que está envuelto nuestro país… seguramente es cuestión de que las cosas se asienten y el presente se vaya tiñendo de sepia, para poderlo mirar y poder reflexionar sobre él.
*Juan Martín Cueva. Documentalista. Miembro fundador de Cinememoria. .(JavaScript must be enabled to view this email address)