El Otro Cine
EL PROGRESO NO NECESITA DOCUMENTALES, SOLO PERITOS
El progreso no necesita documentales, solo peritos
Por Manolo Sarmiento
Dos litigios -uno judicial en los EEUU y uno ante el Instituto de la Propiedad Intelectual en el Ecuador- han enfrentado en estos días a dos cineastas documentalistas con dos empresas transnacionales. No hay casualidad en esta coincidencia.
En el primer caso, concluido hace poco en la Corte de Apelaciones de Nueva York, la petrolera CHEVRON pretendía que Joe Berlinger, director del documental Crudo, le brindara accceso a las 600 horas del pietaje original no editado de su filme. La demanda sostenía que ese material podría contener escenas que demostrarían que los jueces que llevan la causa contra la TEXACO en Nueva Loja han cometido actos de corrupción en el transcurso del juicio. En el segundo caso, el cineasta Pocho Alvarez acusa a la transnacional minera ECSA de haber usado y manipulado sin su autorización imágenes de su documental A cielo abierto, derechos minados. El autor de la manipulación sería el cineasta César Carmigniani, a quien ECSA encargó la producción de un video institucional para refutar las acusaciones que le hacen algunos campesinos en el filme A cielo abierto, derechos minados .
En CHEVRON vs. Berlinger se debatía si los documentalistas están o no protegidos por el derecho a la reserva de fuente, que en la mayoría de las legislaciones exime a los periodistas de la obligación de revelar la identidad de sus informantes ante las autoridades judiciales. En el segundo caso, en cambio, está en debate el alcance del ‘derecho de cita’, que invoca Carmigniani, según el cual es legítimo utilizar el material ajeno en una obra propia sin contar con la autorización de su autor.
En ambos casos se trata de temas cruciales para el cine documental en los que subyace una disputa política: atacar el derecho y la habilidad de los documentalistas para escrutar las acciones de las empresas transnacionales. No es una casualidad que CHEVRON y ECSA, dos transacionales, entren en conflicto con dos cineastas comprometidos con las causas ambientalistas. Tampoco lo es que, en el litigio de Berlinger, la transnacional Dole Food Company -que a su vez se ha querellado contra los realizadores del documental Bananas- haya presentado un alegato apoyando a CHEVRON. Lo que buscan es amedrentar a los cineastas y a sus potenciales entrevistados. En este sentido es muy claro el alegato que presentó una serie de asociaciones de cineastas de los Estados Unidos en defensa de Berlinger. Un documental, dice este alegato, descansa en la confianza que depositan los sujetos entrevistados en los cineastas que los entrevistan. “Las personas que aceptan ser entrevistadas para un documental ... con frecuencia corren un grave riesgo. Si estas personas temieran que sus declaraciones sean sacadas de contexto y usadas en su contra por sus adversarios, estarían menos dispuestas a participar. [Si el fallo es favorable a CHEVRON] se estaría perjudicando la creación de documentales de investigación sobre temas controversiales.”
Paradójicamente, el argumento que defienden las transnacionales es la búsqueda de la verdad. ¿Por qué Berlinger impide acceder a su material original?, ¿qué está ocultando?, dice Chevron. Es lo mismo que dice César Carmigniani en el video institucional que realiza por pedido de ECSA. Frente a un filme político que retrata el movimiento campesino que se opuso a la aprobación de la nueva ley de minería en diciembre de 2008, Carmigniani toma asiento frente a un monitor y manipula a su antojo las imágenes y los testimonios recogidos por Pocho Alvarez a tal punto que el 70% de su filme está hecho con el material -reeditado, ralentizado y sacado de contexto- del otro filme. Esa es su forma de encontrar la verdad. Como en todo filme de propaganda, Carmigniani consigue dejar a salvo el buen nombre de la firma que lo auspicia. No deja de ser significativo que en su defensa de la minería a cielo abierto -Según Carmigniani, Pocho Alvarez y la CEDHU representan a un grupo de extremistas que buscan “sabotear el progreso de los ecuatorianos”- el ex-diputado del PRIAN -el partido del bananero Alvaro Noboa- se apoye nada menos que en el discurso del presidente Rafael Correa. Un punto a tomar en cuenta por si hicieran falta argumentos para defender la independencia editorial de nuestro audiovisual con respecto al poder político y al poder económico.
Mientras en el caso de Berlinger está en debate el derecho de los documentalistas a preservar la reserva de sus fuentes y de sus filmaciones inéditas, en el caso de Pocho Alvarez se trata de oponerse a la manipulación de las obras publicadas con el supuesto afán de “descontaminarlas”: Pocho Alvarez no se opone a que su obra sea citada, sino a que con ese pretexto sea manipulada y usada para atacar a las personas que confiaron en él. En ambos casos estamos ante un ataque al cine documental en tanto género artístico que expresa opiniones e informaciones esenciales en el debate democrático.
1.El documental de Carmigniani se titula Respuesta a un documental contaminado y fue difundido por el canal de televisión de administración pública CN3 Noticias.
2.Recomiendo leer el alegato completo (en inglés): http://www.rcfp.org/newsitems/docs/20100624_172220_other_brief.pdf
3.El documental de Pocho Alvarez fue producido por encargo de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU).
4.Cesar Carmigniani fue diputado por el PRIAN en el período 2005-2008.
5.El tribunal de apelaciones resolvió finalmente que Berlinger brinde acceso solo a una parte de su material. El cineasta desistió de apelar este segundo fallo.