El Otro Cine

CERO LATITUD RECORRE NUEVOS MUNDOS

El festival celebra su séptima edición. Llega a Quito, Otavalo y Portoviejo con un espíritu renovado. La productora Isabel Dávalos, como nueva directora y el artista y cineasta Miguel Alvear, como programador.

Desde su fundación, hace siete años, el festival Cero Latitud ha experimentado constantemente con las posibilidades artísticas de la programación. Al inicio, el evento fue una vitrina del cine iberoamericano y poco a poco se fue definiendo y concentrando más en la producción de América Latina.
El objetivo primordial del festival ha sido siempre exhibir el cine independiente de la región, valorar y premiar principalmente las óperas primas, los jóvenes talentos y las obras que “cruzan la línea” (slogan que utilizó el festival durante muchos años).
Hoy en día, la administración del Cero Latitud ha cambiado, la dirección tiene un nuevo rostro, la imagen empieza a renovarse y, definitivamente, lo que más se destaca es la ampliación de criterios estéticos, históricos y geográficos. El festival abre mucho más el eje de su programación, viaja hasta Filipinas, recupera un pasado casi oculto del cine ecuatoriano y presenta películas limítrofes en cuanto a su género, estilo de producción y formato.
Juan Martín Cueva, parte del directorio de la Fundación Cero Latitud y director del festival en los últimos seis años, se muestra hoy satisfecho y optimista con el cambio de administración y dirección del festival.
A decir de Cueva, los problemas más serios del Cero Latitud, durante las pasadas ediciones, fueron administrativos y estructurales. En cierta medida, las dificultades de planificación, en función de la eterna lucha por levantar fondos, afectaron la posibilidad de mantener un colectivo que permita que el festival sea una actividad sostenida, una prioridad durante todo el año y no solamente en los meses previos a la realización de cada festival.
Cueva comenta que el Cero Latitud, bajo la dirección de Isabel Dávalos (productora de Ratas, ratones y rateros, Crónicas, Mete gol gana y directora de AVC del sueño al caos), ha empezado a experimentar rápidamente los cambios y las mejorías que hacían falta en cuanto a la estructuración del equipo, a los procesos de decisión y a los conceptos.
Una de las principales novedades en el festival es la presencia de un programador, figura importante que, según explica Cueva, le añade rigor y estilo a la programación. Este cargo lo ha asumido el artista contemporáneo y co-director de la película Blak Mama, Miguel Alvear. Su labor se complementa con un comité asesor conformado por Randi Krarup (Directora de comunicación del festival), Cristian León (investigador de cine), Amaia Merino (actriz), Galo Alfredo Torres (crítico de cine) y el mismo Juan Martín Cueva.
El festival le ha apostado en el pasado a una programación limítrofe, según Cueva, con películas como Los rubios, Alicia en el país, Mami te amo, y por eso sabe que el público no se va a sorprender con las propuestas de la octava edición que incluye títulos reconocidos por ser sui generis, como Autohystoria, de Raya Martin; 77 Doronship, de Pablo Agüero o Hiroshima, de Pablo Stoll.
Ahora, queda el momento más importante para cualquier festival: el encuentro con su público, que será, de algún modo, quien dé su veredicto sobre la renovación del Cero Latitud y su propuesta editorial y cinematográfica.

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