En el corazón de Phnom Penh, capital de Cambodia, un grupo de prostitutas vive en un viejo edificio blanco de muros vetustos y ventanas estrecha. Ellas se asilan en un departameto grande, amoblado solamente con estera, asegurando la vida de madres, hermanas, hermanos e hijos. El papel no puede envolver la brasa, evoca el destino de mujeres condenadas por la vergüenza que no les deja regresar a su pueblo, porque aunque nadie sabe a que están condenadas, ellas tienen la impresión que su maldición las habita y que sus cuerpos de “mujeres sin vida” muestran la huella de sus heridas incandecentes. Estas mujeres de vidas violadas y de destinos desfiguarados, son el producto de los niños criados en los campos, en un país fracturado por los años de guerra y el genocidio de los Khmers rouges. El filme es una tentativa de reparación y reconciliación: sobre la incapacidad de reaccionar y enfrentar a lo intolerable.