Por Alfredo Mora Manzano
Esta película representa a cabalidad el nombre de la sección ¿Cómo nos ven, cómo nos vemos? Lejos de ser una mirada ‘extranjera’ de una problemática local Anne Slick y Danielle Bernstein han tenido el enorme tino de dejar que el pueblo hable por sí mismo, que sean ellos los expositores de su realidad y que inclusive funjan de equipo de cámara en momentos de apremio, especialmente en una escena de acción que pocos espectadores podrán olvidar.
La población de Junín, en la provincia de Imbabura, se encuentra constantemente amenazada por los embates económicos de las compañías mineras internacionales, las mismas que prometen mejoras inmediatas a cambio de los derechos para la explotación de las minas de cobre. El filme, narrado y contado por sus pobladores, se desarrolla en medio de la solidaridad que se va formando en torno a la problemática que llega con la minería, que la tierra se dañaría, que el agua se contaminaría y que los sembríos se acabarían. La gente de Junín lo sabe de sobra porque lo han visto una y mil veces.
Después de la neblina fue co-dirigida por las norteamericanas, que se convirtieron casi en pobladoras honorarias de Junín, pero producida y terminada junto a un equipo local. No por ser un filme social y que lleva una denuncia los aspectos estéticos, se han dejado de lado. Filmada en gran parte en 16mm y provista de una banda sonora original cuenta con pasajes de descripción sensorial de los entornos, del agua, de las montañas, que nos llevan a apreciar verdaderamente la vida que se desea proteger.
Podemos ver como los medios locales solo se interesan en el tema luego de un violento choque con la guardia privada contratada por las mineras. Lo que nos lleva a pensar que es un filme más que necesario en este momento. Es una herramienta de reflexión, es un ejemplo de solidaridad que pone en el mapa a un pueblo que para las mineras literalmente no existe.